El rey de España es también rey de Jerusalén
Imagina que el rey de España ostenta un título que te transporta a siglos de historia y que, probablemente, jamás hayas oído mencionar. No es un error ni una broma, es una realidad poco conocida: el actual monarca español es, entre sus muchas dignidades, rey de Jerusalén.
Un rey, muchos títulos
Felipe VI, además de ser el jefe de Estado de España, posee una impresionante lista de títulos honoríficos. De hecho, se le considera una de las personas con más títulos en el mundo. Aunque el artículo 56.2 de la Constitución española de 1978 establece claramente que su título oficial y constitucional es ‘Rey de España’, también especifica que «podrá utilizar los demás que correspondan a la Corona». Y es precisamente en ese «los demás» donde reside la fascinante particularidad de su nombramiento como ‘rey de Jerusalén’.
Es crucial entender que todos estos títulos adicionales son puramente simbólicos. No tienen ninguna validez constitucional en la España actual ni confieren poder real alguno. Son reliquias históricas, vestigios de un pasado muy diferente.
El origen cruzado del título de Jerusalén
La historia de cómo este título llegó a la Corona española es un viaje apasionante a través de las Cruzadas. Nos remontamos al año 1099, cuando el cruzado Godofredo de Bouillón conquistó Jerusalén, dando origen al efímero pero influyente Reino de Jerusalén, un estado cristiano fundado en Tierra Santa. Su hermano, Balduino I, fue el primero en asumir oficialmente la dignidad de rey.
Aunque Jerusalén se perdió definitivamente para los cristianos en 1291, el título de ‘rey de Jerusalén’ no se desvaneció con la caída del reino. En lugar de desaparecer, se mantuvo como una dignidad honorífica, pasando de una casa real europea a otra a lo largo de los siglos. ¿Cómo? Principalmente a través de herencias, matrimonios estratégicos e incluso curiosas transacciones. Un ejemplo notable es el de María de Antioquía, quien en 1277 vendió sus derechos sobre el título a Carlos de Anjou, rey de Nápoles.
De Nápoles a la Corona de España
Fue a través de la Casa de Anjou y, posteriormente, de la Corona de Nápoles, como este peculiar título se abrió camino hasta la Corona de Aragón. Una vez integrado en esta, se incorporó naturalmente al vasto conjunto de dignidades de la monarquía española tras la unificación de los reinos.
Un arsenal de dignidades históricas
La lista completa de títulos que conserva Felipe VI es un auténtico atlas de la historia europea. Además de rey de Castilla, León, Aragón, Navarra, Granada, Toledo, de las Dos Sicilias, Valencia, Galicia, Mallorca, Sevilla, Cerdeña, Córdoba, Murcia y Jaén, también ostenta, por ejemplo, el de archiduque de Austria; duque de Borgoña, de Brabante, de Milán, de Atenas y Neopatria; y conde de Habsburgo, de Flandes, del Tirol y de Barcelona.
Como dato curioso, ¿sabías que los Reyes Católicos incluso compraron en 1502 los derechos al trono del Imperio Bizantino (Imperio Romano de Oriente) a Andrés Paleólogo, sobrino del último emperador bizantino Constantino XI? Aunque ningún monarca español llegó a usar esos títulos imperiales, ahí quedaron registrados. Y, por supuesto, no olvidemos el título de ‘Rey Católico’, otorgado por el Papa, que también pueden utilizar.
Estos títulos, más allá de su falta de poder actual, son como cápsulas del tiempo, cada uno narrando una parte de la compleja y fascinante historia de la monarquía española. ¿Qué otros títulos crees que se esconden en la rica historia de las casas reales europeas?
