Seguro que de pequeño te lo dijeron: «no te tragues el chicle, que se te queda siete años en el estómago». Es una de esas frases que casi todo el mundo ha oído y que mucha gente sigue repitiendo. Vamos a desmontarla.
El bulo
La creencia sostiene que, si te tragas un chicle, el cuerpo es incapaz de expulsarlo y se queda alojado en el estómago durante siete años antes de poder «digerirlo». La cifra siempre es la misma: siete. Ni seis ni ocho.
Por qué circula
El mito engancha porque tiene una parte verdadera pegada a una falsa, y eso lo hace creíble. Es cierto que el cuerpo humano no puede digerir la base del chicle: no tenemos las enzimas necesarias para descomponerla. A eso se suma la intuición de que el chicle es pegajoso —se queda pegado al zapato, a la suela del pupitre—, así que parece lógico pensar que también se pegue por dentro.
Sobre el origen de la cifra concreta no hay ninguna fuente médica que lo documente. La explicación más razonable, que apuntan gastroenterólogos como Nancy McGreal, de Duke Health, es que se trata de una invención de padres para que los niños dejaran de tragarse cosas que no son comida. El número siete, con su aura de cifra «mágica», hizo el resto.
Lo que dice la ciencia
Que algo sea indigerible no significa que se quede quieto. El aparato digestivo mueve el contenido mediante contracciones musculares —el peristaltismo—, el mismo mecanismo que empuja la fibra, los granos de maíz o las pipas, que tampoco digerimos y que salen intactos.
El chicle hace exactamente ese recorrido. Según especialistas de la Clínica Mayo, Duke Health y la Cleveland Clinic, un chicle tragado atraviesa el tubo digestivo prácticamente sin cambios y se expulsa con las heces en cuestión de días, no de años. La dietista Julia Zumpano, de la Cleveland Clinic, cifra ese tránsito en torno a 40 horas, el mismo tiempo que tarda la comida. Y hay un argumento clínico contundente: los gastroenterólogos que hacen endoscopias y colonoscopias a diario no encuentran acumulaciones de chicle de años atrás. Si el mito fuera cierto, lo verían constantemente.
Un matiz importante para no caer en el extremo contrario: tragar chicle no es recomendable como hábito. En casos muy raros, sobre todo en niños que se tragan muchas piezas de forma repetida, el chicle puede combinarse con otros restos y formar una masa que obstruya el intestino, lo que se conoce como bezoar. Es infrecuente, pero es la razón por la que conviene no hacerlo costumbre.
Veredicto 🛡️
FALSO. El chicle no se queda siete años en el estómago. Como cualquier cosa que el cuerpo no puede digerir, lo expulsa en unos pocos días. Tragarse uno por accidente es inofensivo; hacerlo un hábito, especialmente en niños, sí conviene evitarlo.
