Seguro que lo has oído mil veces, quizás susurrado con cara de horror en una sobremesa: «¿sabías que nos tragamos una media de ocho arañas al año mientras dormimos?». Es una de las afirmaciones más repetidas de internet. Y es completamente falsa. Vamos a desmontarla, porque su origen es casi tan interesante como el propio bulo.
El bulo
La creencia sostiene que, mientras dormimos con la boca abierta, las arañas se pasean por nuestra cara y acaban metiéndose dentro, de modo que a lo largo de un año nos tragaríamos una media de ocho (a veces la cifra baja a cuatro, según quién lo cuente).
Por qué circula
Aquí está lo mejor de esta historia. Según la versión más difundida, la estadística se inventó a propósito. Se atribuye a una columnista llamada Lisa Holst, que en 1993 habría publicado una lista de «datos» absurdos y falsos con un único objetivo: demostrar lo fácil que la gente se cree y reenvía cualquier cosa que lee, sin comprobarla. El dato de las arañas era uno de esos anzuelos.
La ironía es deliciosa: ese «hecho» fabricado para ilustrar la credulidad humana se convirtió en uno de los bulos más difundidos de la historia de internet, repetido en cadenas de correo, tapones de refresco y millones de conversaciones. (Conviene aclarar que la propia historia de Lisa Holst forma parte de la leyenda: el artículo original nunca se ha podido localizar, así que se cita con cautela.)
Lo que dice la ciencia
El mito choca de frente con la biología, tanto la de las arañas como la nuestra. Las arañas son criaturas extremadamente sensibles a las vibraciones: detectan el más mínimo movimiento del aire y del suelo con órganos sensoriales especializados en sus patas. Y una persona dormida es una fuente constante de vibraciones: respiramos, el corazón late, nos movemos y, muy probablemente, roncamos. Todo eso funciona como una alarma que mantiene a las arañas bien lejos.
Además, a una araña una boca humana no le ofrece absolutamente nada: no hay presa, no hay refugio, solo peligro. Como resume un experto, las arañas nos perciben más o menos como percibirían una gran roca: somos parte del paisaje, no algo que les interese explorar. No existe ni un solo caso médico documentado de alguien que se haya tragado una araña dormido. Y piénsalo: tragarse una sola araña en toda una vida ya sería una anécdota digna de contar. Ocho cada año es sencillamente absurdo.

Veredicto 🛡️
FALSO. No nos tragamos ocho arañas al año mientras dormimos, ni ocho, ni probablemente una sola en toda la vida. La cifra jamás salió de ningún estudio: nació, según la versión más extendida, como un ejemplo deliberado de lo crédulos que podemos ser en internet. Un bulo que, paradójicamente, demostró tener toda la razón.
